Tengo 33 años y he vivido una de mis peores experiencias por culpa del virus Covid-19. Todo empezó cuando mi madre contrajo el coronavirus a finales de marzo. Ella trabaja en una residencia de mayores y allí ya había contagiados. Lo pasó de una manera leve, pero los síntomas le han durado casi un mes.

A pesar de que estuvo aislada en una habitación de nuestra casa, mi padre contrajo el virus, y fue ingresado el día 1 de abril con neumonía. El 4 entró en UCI, lo sedaron e intubaron, y así estuvo diez días, durante los cuales sufrió trombos y estuvo a punto de morir.

Yo vivo con mis padres, pues pese a que tengo formación estoy en paro, y por lo tanto me contagié. Empecé con tos seca al poco de ingresar mi padre y dos días después me vino la fiebre, que no pasó de los 38 grados, pero iba acompañada de un dolor de cabeza muy fuerte y también me dolía el cuerpo.

No se me hizo ningún test, lo pasé en cama y con paracetamol, hasta que pasada una semana comencé con disnea. Fui a Urgencias, donde comprobaron que mi auscultación era normal y mi oxígeno en sangre también. Sin hacerme placa, me dijeron que era ansiedad, me recetaron lorazepam y me mandaron de vuelta a casa.

La siguiente semana me ahogaba por los rincones y me tomaba todos los días el lorazepam, que me calmaba, aunque no del todo, y además tenía una fuerte tos, pero ya no fiebre.

A día de hoy continúo tomándome el lorazepam, pues sigue siendo necesario para mí, pero ahora he empezado a tener arritmias y me cuesta respirar cuando me acuesto, además la tos se mantiene pese al jarabe que el médico me recetó.

Nunca he tenido tanta ansiedad en mi vida, no estoy nerviosa y no sé si este es el correcto diagnóstico. El médico me dijo hace unas semanas que si no vuelve la fiebre no debo preocuparme, pero estoy empezando a hacerlo. Por cierto, todavía no me han hecho ningún test, por lo que no estoy en las estadísticas, y como yo hay mucha gente.

Mi padre fue dado de alta hace poco, ha sobrevivido, pero este virus le ha dejado secuelas y continúa con el oxígeno en casa, ya que sin él no puede respirar. Todavía no me puedo creer, a día de hoy, que haya gente que no se tome este asunto en serio
ni que el Gobierno se lo tomara antes, ni reaccionara cuando debía haberlo hecho. Tampoco me puedo creer que otros partidos se jacten de desgracias humanas para hacer política. Se nota que no lo han pasado tan mal. Como país hemos caído muy bajo.

* Carmen María Moreno vive en Ciudad Real.

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