Ante la secuencia, riesgo de contagio, enfermar, quizás morir, el Covid-19 ha logrado que sólo importe la labor sanitaria de diagnóstico, tratamiento y curación de la enfermedad, y lo relativo a la prevención: higiene personal, servicios de limpieza, y aislamiento social, claves para evitar el contagio. Sin embargo, yo os quiero hablar de lo queda en un segundo plano, de las cosas en que pensamos tras mirar cada hora las estadísticas de casos confirmados, nuevos positivos y fallecimientos por el coronavirus. Comienzo recordando los efectos inmediatos del coronavirus. A nivel social, el confinamiento, regulado por el estado de alarma. En el plano político, la unidad de acción, algo de agradecer habida cuenta de la heterogeneidad del arco parlamentario nacional. Y el parón de la actividad es la derivada económica; ya sabemos lo que es un ERTE, igual que hace unos años aprendimos lo que era la prima de riesgo, ¿verdad?

Ahora bien, si pensamos en futuro, es pronto para prever la magnitud de las consecuencias sociales, políticas y económicas del Covid-19, pero hay quien dice que esta crisis sanitaria puede provocar una Gran Depresión como la acaecida a raíz de la crisis financiera de 1929, que se prolongó durante diez años largos y trajo consigo el desplome del consumo, miles de cierres de empresas afectadas por la falta de demanda, y millones de desempleados en todo el mundo. También un crecimiento exponencial de la desigualdad social y de la pobreza, además del germen de formas de gobierno totalitarias que luego originaron la II Guerra Mundial en 1939. Pero no nos alarmemos, porque la diferencia entre la Depresión del 29 y la que está por llegar es que sabemos cómo reaccionar: estimular la demanda agregada con medidas inmediatas, contundentes y, al formar parte de la UE, coordinadas con el resto de países miembros.

Veamos. En política monetaria, tras su incomprensible parálisis inicial, el BCE decidió la semana pasada comprar activos por un importe de 750.000 millones de euros durante la vigencia de la pandemia y, al menos, hasta final de año. Una inyección de liquidez que garantiza el acceso al crédito de gobiernos, empresas y familias para financiar sus decisiones de gasto. Por aquí vamos bien. El problema es la política fiscal, donde la UE es un reino de taifas, con un grupo de países liderado por Holanda en contra de que el gasto público de la UE supere el 1% del PIB comunitario, y sin coordinación alguna, por lo que las medidas de cada país sólo se explican en clave nacional, como los 200.000 millones de euros anunciados por el Gobierno de España.

Pero hay un problema mayor que la descoordinación fiscal, y son las condiciones impuestas por Bruselas al endeudamiento de los países, y el castigo de los mercados a países como España en términos de mayores primas de riesgo, lo que traería consigo la necesidad de nuevos recortes, por ejemplo en sanidad. De locos. La alternativa sería mutualizar la deuda emitiendo eurobonos de forma que desapareciera el riesgo país, pero eso es una quimera. La UE sigue sin estar a la altura, pero eso queda hoy en segundo plano, como todo lo demás. Lo único importante es lograr el Covexit. Ánimo.

https://www.abc.es/espana/castilla-leon/abci-julio-lopez-covexit-202003260739_noticia.html

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