Este miércoles se cumplen 30 años del fallecimiento de la mítica Greta Garbo, llamada en realidad Greta Lovisa Gustafsson, una de las actrices más misteriosas de Hollywood que, pese a sus intentos por desvincular su vida privada de su carrera en el cine, no consiguió nunca despegarse de la eterna sombra de los medios y paparazzis, ansiosos por conocer ya no a la actriz, sino a la magnética y enigmática persona que habitaba bajo su piel.

Nunca llegó a entender a quién podía interesarle lo que pasaba en su vida de puertas hacia dentro, pero lo cierto es que toda información parecía poca. La joven que un día abandonó la lejana Suecia para alcanzar el sueño americano reconoció no ser feliz y, de hecho, su melancólica actitud y prácticamente inexistente sonrisa se convirtió en uno de sus fuertes. Carácter no le faltaba y plantó cara a quien hizo falta, pese a su juventud, demostrando que llegaría a lo más alto.

Tras grabar «El demonio y la carne», su romance con John Gilbert, que hizo suspirar a miles de fans, consiguió traspasar la pantalla y poco después la sueca se mudaría a casa de actor. A pesar de mostrarse reticente al matrimonio, la pareja de moda se comprometió y acordaron celebrar una boda conjunta con sus compañeros de profesión Eleanor Boardman y King Vidor, pero Grabo nunca llegó a presentarse frente al altar. Después de aquello la expareja mantuvo la amistad, pero sus caminos, tanto personales como profesionales, tomaron direcciones completamente opuestas.

Después de este romance, la actriz, también un enigma indescifrable en el amor, hizo suya la mítica frase «Quiero estar sola», que pronunció en la película «Gran Hotel». Se convirtió en un mantra hasta el final de sus días, pero Garbo no estuvo sola, sino más bien acompañada de las personas por las que ella quiso rodearse.

Tras su fracasado compromiso con Gilbert, también se relacionó a la sueca con el director Leopoldo Stokowski y el dietético Gaylord Hauser. Aunque si un nombre suena con más fuerza que el resto es el de Mercedes de Acosta, con quien se veía y mantenía contacto en secreto huyendo siempre de la persecución mediática. Los sentimientos de Garbo hacia la estadounidense han sido puestos en duda durante años, cuestionando si los de la poetisa eran correspondidos, pero lo cierto es que no fue la única mujer con la que se le relacionó.

Tras su temprana retirada a los 36 años fue aún más complicado seguir la pista de sus peripecias sentimentales. «Mi vida ha sido una travesía de escondites, puertas traseras, ascensores secretos, y todas las posibles maneras de pasar desapercibida para no ser molestada por nadie», llegó a decir en una ocasión. Y lo cierto es que, sea como fuere, cuando a los 84 años perdió la vida por complicaciones de su diabetes y una neumonía, su petición a los médicos que le atendieron no fue otra que no hablar públicamente sobre la causa de su muerte, que se conocería más adelante.

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