O un tipo muy tonto del PSOE o uno muy listo de Podemos la ha liado parda. El pacto suscrito con Bildu ha conseguido dividir al Consejo de Ministros, irritar a los barones del partido, soliviantar a los empresarios, espantar a los socios parlamentarios, darle munición a la derecha, alarmar a la Comisión Europea y enfurecer al editorialista de El País. Todo de una sola tacada. A Sánchez le crecen los enanos mientras Iglesias teje el discurso que le permitirá reivindicarse como el escudo de los débiles cuando la coalición gubernamental, dinamitada por la política de ajustes que impondrá la gravedad de la crisis, salte por los aires. Alguien debería decirle al presidente del Gobierno que está durmiendo con su enemigo.

Si torpe, nocturna y alevosa ha sido la jugada, más torpe ha sido el argumento utilizado para disculparla. Faltaban horas para la votación de la quinta prórroga del estado de alarma y en el grupo parlamentario socialista no estaban seguros de contar con los apoyos necesarios para sacarla adelante. ERC exigía ponerle una fecha concreta a la mesa de diálogo para no votar en contra y Ciudadanos, escaldado por la reciente falta de lealtad de Sánchez con Arrimadas, tardaba demasiado en deshojar la margarita. Sin el apoyo de los centristas el Gobierno solo podía garantizar 164 votos. A todo trapo, con canarios, cántabros y turolenses en el mismo zurrón, 167. En contra, 168.

Casi sobre la bocina, Moncloa ordenó negociar la abstención de Bildu. Sánchez se comió con patatas, una vez más, la palabra que solemnizó en el mes de junio: «Si quiere se lo digo cinco veces o veinte: con Bildu no vamos a pactar. Con Bildu, se lo repito, no vamos a pactar». El vértigo de perder la votación, y en consecuencia el control del mando único durante el proceso de atenuación del estado de alarma, hizo que el presidente aceptara el consejo de Iglesias, avalado por Iván Redondo, de pedirle auxilio a Arnaldo Otegui. La única cautela fue que el contenido del acuerdo no se diera a conocer hasta después de la votación para no espantar al PNV ni malograr el acercamiento a Ciudadanos.

O sea, que todo fue fruto de una improvisación de última hora provocada por la incapacidad gubernamental para armar a tiempo una mayoría sólida. Está bien que se sepa. A ver si los finos analistas que hablan de los cabeza de huevo del poder como si fueran discípulos de Metternich se enteran de que en realidad no tienen ni idea de por dónde les viene el aire. Al cabrear a los socios que les sacaron las castañas del fuego hace quince días han convertido el pan para hoy en hambre para mañana. Con estos antecedentes, ¿quién será el pringado que apoye la sexta prórroga dentro de dos semanas? Ni PNV ni Ciudadanos salen de esta escaramuza trapacera demasiado motivados.

Que Sánchez le haya dado a Bildu la baza electoral de apuntarse el tanto del trato preferente a los ayuntamientos de Euskadi y Navarra en vísperas de las elecciones autonómicas del 12 de julio es algo que el lehendakari vasco ni entiende ni perdona. En el mejor de los supuestos Sánchez ha conseguido multiplicar por diez el precio del próximo trueque. A Ciudadanos también lo ha dejado con el culo al aire. Edmundo Bal nos dijo a todos que su apoyo apartaba al PSOE de la senda de las complicidades independentistas y, mira por dónde, si no quieres arroz, toma dos tazas: al separatismo catalán se le une el vasco. ¿Seguirá haciendo de tonto útil después de ese planchazo?

Los lectores de novela negra sabemos que para descubrir al autor de un crimen conviene buscar al más beneficiado. Y dado que a Sánchez esta chapuza no le beneficia en absoluto, antes al contrario, la nómina de sospechosos se reduce a un solo nombre: el de Pablo Iglesias. Él sabe que la coalición con el PSOE, antes o después, está abocada a la ruptura y que Bruselas ya ‘ha puesto precio a su cabeza. Pincho de tortilla y caña a que su plan consiste en convertirse en el mártir de los poderosos. Con esta maniobra ha comenzado a preparar su coartada.

https://www.abc.es/espana/abci-luis-herrero-gran-torpeza-202005240334_noticia.html

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