«Mi hija está en la UVI. Yo estoy ingresada en la tercera planta. Soy su madre y necesito saber de su estado de salud». Con estas palabras, María, de 55 años, consiguió movilizar a los trabajadores del Hospital 12 de Octubre para encontrar a su hija, enferma como ella de coronavirus y de la que llevaba dos semanas sin saber nada. El lunes, 16 de marzo, las dos mujeres acudieron al centro hospitalario en un taxi porque presentaban síntomas de tener el patógeno, y los médicos decidieron ingresarlas. María acabó en planta, pero Marta, de 39, no tuvo la misma suerte. Su estado revestía gravedad, tuvieron que aislarla y entubarla. Ahora que las dos se encuentran mejor, comparten una de las habitaciones de este hospital de la capital. «Ganaremos la batalla juntas», asegura Marta en conversación telefónica a este diario.

Su lucha comenzó hace tres semanas. María notaba que le dolía todo el cuerpo; Marta, por su parte, además de dolor muscular, tenía dolor de cabeza y problemas gástricos, por lo que decidió ir a su centro de salud, en el distrito de Carabanchel, donde ambas residen con los dos hijos pequeños de Marta y su hermano.

«Me dijo que solo tenía un catarro, que tomase paracetamol y Nolotil, pero no se me pasó», explica, dos días después de ser extubada y de abandonar, entre aplausos y lágrimas, la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Los síntomas empeoraron: la progenitora comenzó a toser sin cesar y, ella se estaba «ahogando», así que se subieron a un coche con destino al centro médico. «No sabíamos que la estancia iba a ser tan larga», dice ahora, tratando de echar la vista atrás, aunque no recuerda prácticamente nada de lo que ha sucedido en los últimos días: «Entré y me quedé inconsciente. Solo recuerdo cómo me hablaban los médicos, cómo me daban aliento. Por suerte ya pasó lo peor. Lo recordaremos como una gran vivencia».

Sus caminos se separaron durante días, pero una limpiadora ayudó a María a que la magia hiciese efecto. Los médicos, convertidos en más ángeles de la guarda que nunca, desconocían su parentesco, pero al enterarse, gracias al cartel que escribió María con la ayuda de la trabajadora, se pusieron manos a la obra. El proyecto «Acortando la distancia», una iniciativa impulsada por el 12 de Octubre y mienfermerafavorita.com que consiste en conectar a los pacientes con sus familiares mediante una videollamada, obró el milagro. Marta y María pudieron verse tras dos semanas sin tener noticias la una de la otra, gracias también a la mediación de la doctora de la UCI Victoria Trasmonte, que le enviaba fotos y vídeos a María para que no se preocupase por su hija.

«Tuvimos mucho miedo. Yo ahora estoy mejor, ya me puedo poner de pie y hoy (por ayer) por fin la he podido abrazar», cuenta Marta refiriéndose a su madre, quien todavía necesita oxígeno. «Esto ha sido como volver a nacer. Solo le puedo dar las gracias a Dios y a todos los médicos de este hospital por cuidarnos. Mis hijos me han dado fuerza», subraya ella, ya en la misma habitación que su progenitora, a la que no para de decirle que todo saldrá bien: «Vamos a ver cómo pasamos el fin de semana y si mejoramos puede que nos manden ya a casa. Me muero por ver a los niños y abrazarlos».

«Acortando la distancia» ha conseguido unir también, a través de la pantalla, al matrimonio de Pedro y Marta, otra paciente. Tras 43 años juntos, él tuvo que dejarla en un pasillo del mismo hospital. «No te desanimes por estar solo, que voy a llegar enseguida a casa», le dice ella en una videollamada. «Ojalá», contesta él. La tecnología y las manos de unos sanitarios, que no solo curan heridas físicas, consiguen que la gente esté más cerca que nunca.

https://www.abc.es/espana/madrid/abci-coronavirus-madre-y-hija-reencuentran-hospital-ganaremos-batalla-juntas-202004040020_noticia.html

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